MISTERIOS ANDINOS: OCONALES Y EMBARAZOS

Hay muchas historias entorno a estas pequeñas lagunas conocidas en el mundo andino como los oconales.

Mis familiares de la tercera edad, refieren que en épocas de lluvia torrencial las aguas de los oconales tienden a cambiar de color, adquiriendo un tono más oscuro. Aquí va esta historia:

Una joven empezó a presentar síntomas de embarazo, pero no le dio importancia pues no tenía pareja; pasaron lo meses y su vientre prominente comenzó a notarse. Sus familiares creyeron que mentía, pero ella decía que no sabía cómo se había quedado  embarazada.

Aproximadamente a sus siete meses de embarazo, los fuertes malestares de parto se aparecieron. La madre de la señorita llamó a la partera y sus ayudantes, quienes acudieron lo más pronto posible para darle atención.

Mientras preparaban los brebajes medicinales con eucalipto, muña, hierba luisa y matico; la partera le preguntó a donde había ido  semanas antes de darse cuenta de su embarazo y la joven relató lo siguiente:
"volvía de visitar a mi tía y era de noche, para acortar el camino decidí tomar la senda que pasa cerca al oconal, llovía mucho. A las semanas ya estaba con naúseas y mi barriga empezó a hincharse."

La noche iba haciendo su ingreso y la joven rechazaba todos los brebajes medicinales, ninguno le agradaban, la partera pensando en toda la historia que la joven le había narrado sabía que no era un típico embarazo y pidió a sus ayudantes que  buscasen ovillos de lana, heces de gallina, cuernos de toro.

Las señoras siguieron sus indicaciones y pusieron a hervir esos tres objetos en una de las ollas donde se preparaba la comida para los perros. Cuando el olor invadió toda la habitación donde estaba la joven, iniciaron las contracciones del parto y con las indicaciones de la partera se pudo dar el nacimiento del nuevo ser.

La partera y sus acompañantes se quedaron estupefactas, al ver que lo que iba saliendo del vientre de la joven era una especie de combinación de perro y cerdo que no pasaba de los treinta centímetros de longitud. La partera les dijo que no gritasen y les indicó que se retirasen del cuarto y a una de ellas que dejase abierta la puerta del ingreso principal de la casa.

Cuando la joven se quedó sola, esa pequeña formación monstruosa dio un salto y llegó al piso, arrastrándose cual serpiente se dirigió  a la puerta principal y según lo que comentó una de las ayudantes del parto, vio como ese pedazo de carne y sangre siguió avanzando por el delgado camino hasta llegar a un oconal, donde se sumergió y desapareció.

Algo que causó zozobra en los que presenciaron este hecho fue que mientras la mujer iniciaba con las contracciones de parto, la lluvia torrencial bañaba todo el pueblo y cuando ese ser monstruoso nació la lluvia calmó.

La partera explicó que era porque el padre de esta criatura lo iba llamando a través de la dantesca lluvia.

Alistaron los brebajes de hierbas medicinales y esta vez agregaron hojas de coca, cuando la joven estuvo en mejores condiciones le tuvieron que explicar lo sucedido, lo cual le provocó gran temor pero con oraciones y la pasada de huevo se la pudo curar.

Y la ayudante que vio como ese abominable ser se sumergía en el oconal, tuvo un ataque de nervios por muchos días; en su caso, para curarla tuvieron que darle un brebaje de calmantes y la pasada con cuy. 










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