CURA DEL SUSTO
Llegamos a Arancay a fines del mes de julio, en temporada de
fiestas patrias. Eran días muy festivos, entre las actividades estaba: el
torneo de cintas, el desfile de antorchas, el baile de los mayordomos y el
último día de celebración se veía un gran espectáculo de fuegos artificiales.
El último día de la celebración salimos a pasear por la
tarde a caballo junto a mi familia y cuando la noche se hizo presente,
cabalgamos hasta un mirador desde donde podíamos observar lo fuegos
artificiales pintando el azul oscuro del cielo.
Veíamos felices el espectáculo y de pronto, un gran
estallido se escuchó y como sostenía suavemente las cuerdas del bozal del
caballo; con ese gran estallido el animal se asustó y dio un gran salto, yo caí
muy asustada a la tierra.
No quería subirme otra vez al caballo y todo me causaba
temor, una anciana pobladora que nos acompañaba dijo que sabía curar mi susto.
Se inclinó al suelo y en la tierra donde me caí hizo una
cruz con su dedo y sacó un poquito de tierra de la intersección de las líneas
de la cruz, se acercó y dijo que comiera esa tierra.
Lamí la tierra que estaba en la yema de su dedo y con ese
simple acto se me pasó el susto en un instante; increíble e inexplicable
suceso, pero así sucedió y me curé.
Me subí al caballo, sujeté bien el bozal y seguí observando
los fuegos artificiales.
Autora: Ninoska Carolina Guzmán Ortíz

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