CURA DEL SUSTO

 

 Cuando tenía 5 años visité por primera vez el pueblo de la familia de mi madre, es un lugar muy acogedor, lleno de verdor y el aire puro, amigable y saludable a los pulmones.

Llegamos a Arancay a fines del mes de julio, en temporada de fiestas patrias. Eran días muy festivos, entre las actividades estaba: el torneo de cintas, el desfile de antorchas, el baile de los mayordomos y el último día de celebración se veía un gran espectáculo de fuegos artificiales.

El último día de la celebración salimos a pasear por la tarde a caballo junto a mi familia y cuando la noche se hizo presente, cabalgamos hasta un mirador desde donde podíamos observar lo fuegos artificiales pintando el azul oscuro del cielo.

Veíamos felices el espectáculo y de pronto, un gran estallido se escuchó y como sostenía suavemente las cuerdas del bozal del caballo; con ese gran estallido el animal se asustó y dio un gran salto, yo caí muy asustada a la tierra.

No quería subirme otra vez al caballo y todo me causaba temor, una anciana pobladora que nos acompañaba dijo que sabía curar mi susto.

Se inclinó al suelo y en la tierra donde me caí hizo una cruz con su dedo y sacó un poquito de tierra de la intersección de las líneas de la cruz, se acercó y dijo que comiera esa tierra.

Lamí la tierra que estaba en la yema de su dedo y con ese simple acto se me pasó el susto en un instante; increíble e inexplicable suceso, pero así sucedió y me curé.

Me subí al caballo, sujeté bien el bozal y seguí observando los fuegos artificiales.



Autora: Ninoska Carolina Guzmán Ortíz

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